La sangre se recalentaba en las venas: superadas las amenazas climáticas, en las primeras horas de la tarde del particularmente cálido sábado de enero, el sol, sobre las pegajosas calles internas de Jesús María, se imponía contradictorio como aliado y al mismo tiempo enemigo. Miles de cuerpos hirvientes, surcando los estrictos controles y soportando casi diez cuadras de caminata, accedían de a poco al predio principal de la Doma y Folclore, al que en pocas horas subiría La Renga para dar comienzo a lo que sería una de las más grandes fiestas del rock nacional.
Pasadas las 22:00 horas, era inminente el comienzo del festival rengo. Con "Monstruo que Crece", un impresionante aluvión se desató hacia donde nacían esos primeros acordes mientras, de a miles, los mismos de siempre seguían entrando.
Aunque no especialmente hitero, el repertorio incluyó varios clásicos: "El Rito de los Corazones Sangrando", "Despedazado por mil partes", "Panic show" y "El final es en donde partí"; enganchados, también sonaron "En los brazos del Sol", "El Mambo de la Botella" y "El Hombre de la Estrella".
También hubo tiempo de seguir presentando lo que será su próximo disco y en cada show va apareciendo pequeñas perlitas al ya conocido “Caníbal Galáctico”, ahora fue el turno de presentar por primera vez a “Caricias de Asfalto”.
Dos horas y media separaron al inicio de la fiesta de su indefectible fin: La Renga logró protagonizar uno de los recitales más ambiciosos del rock argentino. Saltando y cantando uniformemente a su alrededor, como un huracán sin ojos, la reunión de todos los mismos de siempre en un mismo momento y lugar dejó bien en claro que este monstruo musical sigue creciendo; y no para.
Cronista: Fabricio Valenzuela
Fotos: Adrián Riveros
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